domingo, 21 de diciembre de 2008
domingo, 14 de diciembre de 2008
Declaración Conjunta de Amnistía Internacional, Intermón Oxfam y Greenpeace
Crisis Económica ( 4-12-08)
Desde hace unas semanas, los ciudadanos del mundo somos testigos de los esfuerzos de los Gobiernos del mundo para socorrer a las entidades financieras y salvarlas de una quiebra anunciada. Primero el gobierno estadounidense, y después los europeos, han puesto sobre la mesa decenas de miles de millones de dólares y de euros de los contribuyentes para ayudar a estas compañías en profunda crisis. Recientemente, los líderes mundiales se han reunido en Washington para unificar sus estrategias, y continuar actuando en socorro de los bancos y entidades financieras. A estas alturas es ya imposible cuantificar con exactitud cuanto dinero público se está destinando para paliar la crisis financiera global.
Esta situación ha desviado la atención de otras crisis igualmente relevantes para la estabilidad mundial y que afectan directamente a las vidas de cientos de millones de personas: las crisis alimentaria, climática y de derechos humanos. La premura mostrada por los países ricos para atajar el derrumbe financiero contrasta enormemente con su lentitud y sus promesas incumplidas en materia de ayuda al desarrollo, lucha contra la pobreza, derechos humanos y cambio climático, las prioridades centrales para construir un mundo más justo.
Todavía es pronto para prever con exactitud las dificultades que sufrirán los países más pobres como resultado de la crisis financiera y el consiguiente empeoramiento de la situación económica. Pero es evidente que la reducción de las exportaciones a los países desarrollados, la reducción de las remesas, el descenso de la inversión extranjera y la escasez de liquidez internacional, que afectará especialmente a los países con menos acceso al crédito encareciendo la financiación de su desarrollo, derivarán en menos crecimiento y riqueza para repartir y por tanto menos educación y salud para cientos de millones de personas.
Para quienes viven en los países más pobres del mundo esta situación es literalmente una cuestión de vida o muerte. El aumento de precios de los alimentos, y las cada vez más frecuentes sequías, inundaciones y demás catástrofes meteorológicas derivadas del cambio climático, unidas al desmantelamiento de las redes de protección social promovidas por las instituciones financieras internacionales, están agravando las situaciones de pobreza y hambre. A finales de septiembre, cuando empezaron a salir a la luz pública las quiebras de Wall Street, en una cumbre de la ONU se supo que muy pocos gobiernos cumplirán los compromisos financieros necesarios para alcanzar las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio para reducir la pobreza de aquí a 2015.
En lo que se refiere a los derechos humanos, las previsiones no son buenas. No sólo los derechos económicos y sociales –incluido el derecho a la vivienda, la salud y la educación– son objeto de una presión cada vez mayor, sino que existe el peligro de que se perpetren más violaciones de derechos humanos. Si se produce una recesión económica prolongada y los países se aprietan el cinturón, las personas migrantes y refugiadas, y las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad en todos los Estados se verán sumidas en situaciones insostenibles. Podrían aumentar las tensiones sociales, y el consiguiente nerviosismo de los gobiernos podría conducirlos a reprimir la disidencia y a imponer políticas de seguridad pública muy estrictas que restringirían las libertades civiles. La crisis actual podría debilitar aún más a Estados ya frágiles y sumirlos de nuevo en la inestabilidad y la violencia.
En cuanto al cambio climático, también los compromisos comienzan a debilitarse. El liderazgo de la Unión Europea se tambalea, y los acuerdos para una reducción ambiciosa de emisiones podrían peligrar, condenando al mundo a un cambio climático irreversible y de consecuencias catastróficas que afectaría especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables.
Peores cosas podrían suceder aún si los países ricos decidieran utilizar la crisis financiera como un pretexto para disminuir las ayudas y los intercambios comerciales. La historia no da pie para el optimismo. Durante la recesión registrada en 1972 y 1973, el gasto mundial destinado a ayudas disminuyó un 15 por ciento, hasta alcanzar sólo 28.800 millones de dólares. Entre 1990 y 1993, el gasto de los países donantes se redujo en un 25 por ciento durante cinco años, hasta llegar sólo a 46.000 millones de dólares, y hasta 2003 no se volvió a alcanzar el nivel de 1992. La ayuda humanitaria –lo que nos gastamos para ayudar a las víctimas de conflictos y desastres naturales– disminuyó también de forma muy sensible durante un periodo similar como consecuencia directa de la recesión registrada entre 1990 y 1993 (esta tendencia sólo se frenó durante los conflictos de Ruanda y Kosovo). En cuanto a los intercambios comerciales, por ejemplo, los países reaccionaron al desplome de Wall Street de 1929 y a la depresión económica mundial levantando barreras aduaneras, y el comercio mundial se redujo casi en un 70 por ciento.
Si en 2009 se repitiera este patrón, estaríamos ante un desastre de magnitudes extraordinarias para las personas de los países pobres, que pagarían un coste elevadísimo por el descontrol de la burbuja crediticia en Norteamérica y Europa,. A ello se une el impacto que ya está teniendo la reducción en los flujos de remesas, que para algunos países, como Bolivia o Bangladesh, constituyen hasta el 10% del PIB.
España no es una excepción a esta deriva global. Mientras la crisis económica y financiera ocupa la agenda del gobierno de manera prioritaria y casi única, se desdibujan a la misma velocidad los compromisos del gobierno en materia de medio ambiente y derechos humanos y se anuncia el congelamiento en el incremento de la ayuda al desarrollo para 2009.
Los derechos humanos no son un lujo propio de épocas de prosperidad. En tiempos de recesión económica, las obligaciones de derechos humanos de los Estados ni se extinguen, ni se atenúan. Los derechos humanos deben ser una prioridad si la recuperación económica se pretende que sea sólida y sostenible. Por otro lado, la inacción ante el cambio climático no es una opción viable. Y en cuanto a la pobreza, hay que asumir que la pobreza global es la negación de todos los derechos, y además una amenaza a la estabilidad mundial. Los países ricos deben dejar de mirarse el ombligo y asumir su responsabilidad sobre el desarrollo global, ya que son los responsables de la actual crisis y por tanto de sus consecuencias para los más pobres.
No es sólo una cuestión de dinero, sino de atención sostenida, colaboración internacional y decidida voluntad política de abordar los grandes problemas. En el marco del 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, los gobiernos deben garantizar a través de una regulación sensata, la adecuada protección de los derechos de las personas que pertenecen a los grupos más vulnerables para prevenir un incremento de la pobreza y una sostenibilidad medioambiental a largo plazo y y. Deben dar muestras de una capacidad de liderazgo sin precedentes para construir una economía global que sea respetuosa con el medio ambiente y en la que la mejora de la vida y de los medios de subsistencia de todas las personas prime sobre un sistema que beneficia sólo a unos pocos privilegiados.
Seis propuestas concretas para el gobierno español
Por todo ello, Amnistía Internacional, Greenpeace e Intermón Oxfam, desde nuestros respectivos ámbitos de trabajo a favor de los derechos humanos, en defensa del medio ambiente y en la lucha contra la pobreza, instamos al Gobierno español a:
- Adoptar un Plan estatal contra el racismo que ataje el posible incremento de la discriminación, el racismo y la xenofobia en el contexto de la recesión económica. La administración central debe aprovechar la revisión de la Ley de Extranjería para garantizar el respeto de los derechos humanos de las personas extranjeras, independientemente de su situación administrativa y especialmente de las mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género. Igualmente, la revisión de la Ley de Asilo debe garantizar el acceso a la protección internacional para las personas que la necesiten.
- La lucha contra la violencia de género debe ser una prioridad para el Gobierno español también en tiempos de crisis. Se debe convocar con urgencia la Conferencia de Presidentes de las Comunidades Autónomas sobre la violencia de género, que ha sido pospuesta sin fecha.
- Asumir el compromiso en el marco de la Unión Europea de una reducción efectiva de las emisiones de CO2, hasta alcanzar una reducción del 30% en el año 2020 (respecto a 1990).
- Introducir los cambios necesarios en la política energética para la sustitución progresiva y completa de las energías fósiles y nuclear, por energías renovables.
- Cumplir el compromiso europeo de destinar el 0,56% del PNB a la AOD en 2010, y el de alcanzar el 0´7% del PNB en 2012.
- Promover y apoyar la reforma profunda del FMI y el Banco Mundial. En el futuro, estas instituciones deberían abandonar la imposición de las políticas neoliberales a los países en desarrollo, políticas que han contribuido a generar la actual situación de crisis.
Categorías: Derechos económicos, sociales y culturales, España
Más información
Gabinete de prensa de la Sección Española de Amnistía Internacional, Telf., 91 310 12 77
Centro de Documentación de AI: web.amnesty.org/library/eslindex.
Desde hace unas semanas, los ciudadanos del mundo somos testigos de los esfuerzos de los Gobiernos del mundo para socorrer a las entidades financieras y salvarlas de una quiebra anunciada. Primero el gobierno estadounidense, y después los europeos, han puesto sobre la mesa decenas de miles de millones de dólares y de euros de los contribuyentes para ayudar a estas compañías en profunda crisis. Recientemente, los líderes mundiales se han reunido en Washington para unificar sus estrategias, y continuar actuando en socorro de los bancos y entidades financieras. A estas alturas es ya imposible cuantificar con exactitud cuanto dinero público se está destinando para paliar la crisis financiera global.
Esta situación ha desviado la atención de otras crisis igualmente relevantes para la estabilidad mundial y que afectan directamente a las vidas de cientos de millones de personas: las crisis alimentaria, climática y de derechos humanos. La premura mostrada por los países ricos para atajar el derrumbe financiero contrasta enormemente con su lentitud y sus promesas incumplidas en materia de ayuda al desarrollo, lucha contra la pobreza, derechos humanos y cambio climático, las prioridades centrales para construir un mundo más justo.
Todavía es pronto para prever con exactitud las dificultades que sufrirán los países más pobres como resultado de la crisis financiera y el consiguiente empeoramiento de la situación económica. Pero es evidente que la reducción de las exportaciones a los países desarrollados, la reducción de las remesas, el descenso de la inversión extranjera y la escasez de liquidez internacional, que afectará especialmente a los países con menos acceso al crédito encareciendo la financiación de su desarrollo, derivarán en menos crecimiento y riqueza para repartir y por tanto menos educación y salud para cientos de millones de personas.
Para quienes viven en los países más pobres del mundo esta situación es literalmente una cuestión de vida o muerte. El aumento de precios de los alimentos, y las cada vez más frecuentes sequías, inundaciones y demás catástrofes meteorológicas derivadas del cambio climático, unidas al desmantelamiento de las redes de protección social promovidas por las instituciones financieras internacionales, están agravando las situaciones de pobreza y hambre. A finales de septiembre, cuando empezaron a salir a la luz pública las quiebras de Wall Street, en una cumbre de la ONU se supo que muy pocos gobiernos cumplirán los compromisos financieros necesarios para alcanzar las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio para reducir la pobreza de aquí a 2015.
En lo que se refiere a los derechos humanos, las previsiones no son buenas. No sólo los derechos económicos y sociales –incluido el derecho a la vivienda, la salud y la educación– son objeto de una presión cada vez mayor, sino que existe el peligro de que se perpetren más violaciones de derechos humanos. Si se produce una recesión económica prolongada y los países se aprietan el cinturón, las personas migrantes y refugiadas, y las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad en todos los Estados se verán sumidas en situaciones insostenibles. Podrían aumentar las tensiones sociales, y el consiguiente nerviosismo de los gobiernos podría conducirlos a reprimir la disidencia y a imponer políticas de seguridad pública muy estrictas que restringirían las libertades civiles. La crisis actual podría debilitar aún más a Estados ya frágiles y sumirlos de nuevo en la inestabilidad y la violencia.
En cuanto al cambio climático, también los compromisos comienzan a debilitarse. El liderazgo de la Unión Europea se tambalea, y los acuerdos para una reducción ambiciosa de emisiones podrían peligrar, condenando al mundo a un cambio climático irreversible y de consecuencias catastróficas que afectaría especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables.
Peores cosas podrían suceder aún si los países ricos decidieran utilizar la crisis financiera como un pretexto para disminuir las ayudas y los intercambios comerciales. La historia no da pie para el optimismo. Durante la recesión registrada en 1972 y 1973, el gasto mundial destinado a ayudas disminuyó un 15 por ciento, hasta alcanzar sólo 28.800 millones de dólares. Entre 1990 y 1993, el gasto de los países donantes se redujo en un 25 por ciento durante cinco años, hasta llegar sólo a 46.000 millones de dólares, y hasta 2003 no se volvió a alcanzar el nivel de 1992. La ayuda humanitaria –lo que nos gastamos para ayudar a las víctimas de conflictos y desastres naturales– disminuyó también de forma muy sensible durante un periodo similar como consecuencia directa de la recesión registrada entre 1990 y 1993 (esta tendencia sólo se frenó durante los conflictos de Ruanda y Kosovo). En cuanto a los intercambios comerciales, por ejemplo, los países reaccionaron al desplome de Wall Street de 1929 y a la depresión económica mundial levantando barreras aduaneras, y el comercio mundial se redujo casi en un 70 por ciento.
Si en 2009 se repitiera este patrón, estaríamos ante un desastre de magnitudes extraordinarias para las personas de los países pobres, que pagarían un coste elevadísimo por el descontrol de la burbuja crediticia en Norteamérica y Europa,. A ello se une el impacto que ya está teniendo la reducción en los flujos de remesas, que para algunos países, como Bolivia o Bangladesh, constituyen hasta el 10% del PIB.
España no es una excepción a esta deriva global. Mientras la crisis económica y financiera ocupa la agenda del gobierno de manera prioritaria y casi única, se desdibujan a la misma velocidad los compromisos del gobierno en materia de medio ambiente y derechos humanos y se anuncia el congelamiento en el incremento de la ayuda al desarrollo para 2009.
Los derechos humanos no son un lujo propio de épocas de prosperidad. En tiempos de recesión económica, las obligaciones de derechos humanos de los Estados ni se extinguen, ni se atenúan. Los derechos humanos deben ser una prioridad si la recuperación económica se pretende que sea sólida y sostenible. Por otro lado, la inacción ante el cambio climático no es una opción viable. Y en cuanto a la pobreza, hay que asumir que la pobreza global es la negación de todos los derechos, y además una amenaza a la estabilidad mundial. Los países ricos deben dejar de mirarse el ombligo y asumir su responsabilidad sobre el desarrollo global, ya que son los responsables de la actual crisis y por tanto de sus consecuencias para los más pobres.
No es sólo una cuestión de dinero, sino de atención sostenida, colaboración internacional y decidida voluntad política de abordar los grandes problemas. En el marco del 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, los gobiernos deben garantizar a través de una regulación sensata, la adecuada protección de los derechos de las personas que pertenecen a los grupos más vulnerables para prevenir un incremento de la pobreza y una sostenibilidad medioambiental a largo plazo y y. Deben dar muestras de una capacidad de liderazgo sin precedentes para construir una economía global que sea respetuosa con el medio ambiente y en la que la mejora de la vida y de los medios de subsistencia de todas las personas prime sobre un sistema que beneficia sólo a unos pocos privilegiados.
Seis propuestas concretas para el gobierno español
Por todo ello, Amnistía Internacional, Greenpeace e Intermón Oxfam, desde nuestros respectivos ámbitos de trabajo a favor de los derechos humanos, en defensa del medio ambiente y en la lucha contra la pobreza, instamos al Gobierno español a:
- Adoptar un Plan estatal contra el racismo que ataje el posible incremento de la discriminación, el racismo y la xenofobia en el contexto de la recesión económica. La administración central debe aprovechar la revisión de la Ley de Extranjería para garantizar el respeto de los derechos humanos de las personas extranjeras, independientemente de su situación administrativa y especialmente de las mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género. Igualmente, la revisión de la Ley de Asilo debe garantizar el acceso a la protección internacional para las personas que la necesiten.
- La lucha contra la violencia de género debe ser una prioridad para el Gobierno español también en tiempos de crisis. Se debe convocar con urgencia la Conferencia de Presidentes de las Comunidades Autónomas sobre la violencia de género, que ha sido pospuesta sin fecha.
- Asumir el compromiso en el marco de la Unión Europea de una reducción efectiva de las emisiones de CO2, hasta alcanzar una reducción del 30% en el año 2020 (respecto a 1990).
- Introducir los cambios necesarios en la política energética para la sustitución progresiva y completa de las energías fósiles y nuclear, por energías renovables.
- Cumplir el compromiso europeo de destinar el 0,56% del PNB a la AOD en 2010, y el de alcanzar el 0´7% del PNB en 2012.
- Promover y apoyar la reforma profunda del FMI y el Banco Mundial. En el futuro, estas instituciones deberían abandonar la imposición de las políticas neoliberales a los países en desarrollo, políticas que han contribuido a generar la actual situación de crisis.
Categorías: Derechos económicos, sociales y culturales, España
Más información
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Centro de Documentación de AI: web.amnesty.org/library/eslindex.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Europa Laica

Europa Laica
C/ Seco, 3, escalera B, 5º, puerta 7. 28007 Madrid
www.europalaica.com Teléfono: 670556011
José Bono Martínez
Presidente del Congreso de los Diputados
Estimado señor:
El día 6 de diciembre, el Congreso de los Diputados realizó una ceremonia conmemorativa del trigésimo aniversario de la aprobación, en referéndum, de la Constitución española.
Las ciudadanas y los ciudadanos que pudimos seguir la ceremonia en los medios de comunicación pudimos observar, con gran sorpresa, que en el lugar que ocupaban las máximas autoridades del Estado (jefe del Estado, presidente de Gobierno, presidenta del Tribunal Constitucional, presidente del Tribunal Supremo, presidente del Congreso, presidente del Senado), se encontraba un prelado de la Iglesia Católica.
Ante nuestra sorpresa, queremos preguntarle en calidad de qué estaba aquel señor allí, situado en lugar preferente y no en el lugar de los invitados, entre el público asistente.
Una vez más, quienes no tienen ninguna creencia religiosa, quienes profesan otra religión o convicción y quienes siendo católicos entienden que ninguna confesión religiosa debe gozar de privilegio alguno, vemos atacado el principio de no confesionalidad del Estado, en el plano simbólico y protocolario, que es, por otra parte, el sentido que tienen este tipo de actos y ceremonias y en este caso en el lugar de la soberanía popular: el Congreso de los Diputados.
Las creencias personales de las autoridades del Estado, aunque sean muy respetables, no deben interferir en las tareas propias de su cargo, en privilegiar a ninguna confesión en un lugar y más en una fecha tan señalada para nuestra democracia.
Son numerosos las ciudadanas y ciudadanos que se han dirigido a nuestra organización para mostrarnos su pesar e irritación por esta lamentable imagen.
Le mostramos nuestra indignación, y le solicitamos las explicaciones pertinentes al respecto, comunicado que hacemos llegar, también, a los grupos parlamentarios.
Reciba un cordial saludo,
Francisco Delgado
Presidente de Europa Laica
Madrid, 9 de diciembre de 2009
miércoles, 10 de diciembre de 2008
"Algunos han salido de sus sarcófagos para preguntar al Gobierno sobre los vuelos a la CIA"
Gabilondo: “Los cachorros de Aznar han copiado de su maestro la cara de cemento”
ELPLURAL.COM
Algunos jóvenes y briosos diputados, muy Aznar, muy FAES, que hasta el momento no mostraban gran actividad parlamentaria pero si mucho quintacolumnismo anti Rajoy, han salido de sus sarcófagos para preguntar al Gobierno sobre los vuelos a la CIA. Nada nos gustaría más que conocer la verdad de esos vuelos, cuyo esclarecimiento debería ser una cuestión de dignidad nacional. Pero que sean los cachorros de Aznar los que se alisten a esa cruzada demuestra que lo primero que los discípulos han copiado de su maestro es la cara de cemento”, ha señalado este miércoles Iñaki Gabilondo en el informativo que presenta y dirige en Cuatro.
“Y el ataque como técnica de defensa, que los españoles identificamos enseguida como truco claramente aznarí. Lo utilizó con gran alarde del 11 al 14 M, al acusar de manipulación a los demás mientras manipulaba a todo nuestro cuerpo diplomático, a los corresponsales de prensa y al mismísimo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Luego se lo hemos visto mil veces: Aznar no da explicaciones, las exige. Esa virilidad, muy de frente de juventudes, desafiante y segura de sí misma, lo mismo sirve para descalificar a su heredero político que para insolentarse con quien se atreva a limitar su derecho a elegir velocidad y cantidad de alcohol al volante. Pero siempre al ataque, sin complejos y sin sentido del ridículo”.
ELPLURAL.COM
Algunos jóvenes y briosos diputados, muy Aznar, muy FAES, que hasta el momento no mostraban gran actividad parlamentaria pero si mucho quintacolumnismo anti Rajoy, han salido de sus sarcófagos para preguntar al Gobierno sobre los vuelos a la CIA. Nada nos gustaría más que conocer la verdad de esos vuelos, cuyo esclarecimiento debería ser una cuestión de dignidad nacional. Pero que sean los cachorros de Aznar los que se alisten a esa cruzada demuestra que lo primero que los discípulos han copiado de su maestro es la cara de cemento”, ha señalado este miércoles Iñaki Gabilondo en el informativo que presenta y dirige en Cuatro.
“Y el ataque como técnica de defensa, que los españoles identificamos enseguida como truco claramente aznarí. Lo utilizó con gran alarde del 11 al 14 M, al acusar de manipulación a los demás mientras manipulaba a todo nuestro cuerpo diplomático, a los corresponsales de prensa y al mismísimo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Luego se lo hemos visto mil veces: Aznar no da explicaciones, las exige. Esa virilidad, muy de frente de juventudes, desafiante y segura de sí misma, lo mismo sirve para descalificar a su heredero político que para insolentarse con quien se atreva a limitar su derecho a elegir velocidad y cantidad de alcohol al volante. Pero siempre al ataque, sin complejos y sin sentido del ridículo”.
viernes, 5 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
Foro de la Mundialización
Noviembre de 2008
El nuevo escenario internacional
Desde hace dieciocho años, Francisco Jarauta, catedrático de Filosofía en la Universidad de Murcia, ha venido organizando en esta ciudad, durante la última semana de noviembre, un ciclo de conferencias sobre los grandes debates filosóficos, políticos y culturales del mundo contemporáneo. Al principio, este ciclo se denominaba Foro de los Noventa, pero al comenzar el nuevo milenio pasó a denominarse Foro de la Mundialización.
Por este Foro han pasado Jacques Derrida, Jean-François Lyotard, Alain Touraine, Marc Augé, Armand Mattelart, Sami Naïr, Susan George, Mustapha Cherif, Gianni Vattimo, Massimo Cacciari, Giacomo Marramao, Remo Bodei, Roberto Esposito, Omar Calabrese, Ricardo Petrella, Ignacio Ramonet, José Vidal-Beneyto, Ignacio Sotelo, Fernando Vallespín, Mariano Aguirre, Javier de Lucas, etc.
Esta semana, el Foro de la Mundialización ha tenido como temática general “El nuevo escenario internacional”, tras la crisis financiera mundial que ha estallado en octubre del presente año y tras la posterior victoria electoral de Barack Hussein Obama como nuevo presidente de Estados Unidos.
Los conferenciantes invitados han sido: Sami Naïr, que habló sobre “La crisis financiera internacional” (lunes 24), Ignacio Ramonet, que habló sobre “La crisis del siglo y la nueva geopolítica mundial” (martes 25) y Lluís Bassets, que habló sobre “Los retos de la presidencia de Obama” (jueves 27). Bassets acaba de publicar La oca del señor Bush. Cómo los neocons han destruido el orden internacional desde la Casa Blanca (Barcelona, Península, 2008).
Los tres conferenciantes, con quienes Francisco Jarauta, algunos otros amigos y yo hemos podido conversar tras sus intervenciones públicas, han coincidido en algunos puntos básicos:
-Estamos ante la “crisis del siglo” (véase el monográfico nº 5 de Le Monde Diplomatique en español con este mismo título), es decir, la mayor crisis económica desde el crack de 1929 (a pesar de las muchas diferencias entre ambas), sin parangón con las crisis parciales que han tenido lugar en las décadas precedentes, y que sólo han afectado a algunos países o sectores económicos.
-La crisis actual es la primera “crisis global”, la primera que alcanza a todos los países del mundo, pues sólo en las últimas décadas se ha creado un sistema económico plenamente globalizado e interdependiente, debido sobre todo a la revolución de las tecnologías del transporte, la información y la comunicación.
-Se trata de una “crisis sistémica”, pues se ha extendido como un virus a todos los sectores económicos: lo que comenzó como la crisis inmobiliaria de las hipotecas subprime estadounidenses, se convirtió rápidamente en una crisis bancaria y bursátil, que a su vez generó una crisis del crédito y del consumo, lo cual ha desencadenado una crisis industrial y laboral, que acabará provocando una crisis social y política. El cierre de empresas y el consiguiente desempleo de miles de trabajadores ha comenzado ya a extenderse desde Estados Unidos hasta China. En el caso español, la crisis general se ha visto agravada por el pinchazo de la inmensa burbuja inmobiliaria, a la que habían contribuido de forma irresponsable tanto las entidades financieras (bancos y cajas de ahorro) como los poderes públicos (los ayuntamientos, las comunidades autónomas y el gobierno central).
-Esta crisis supone el fin de la etapa neoliberal del capitalismo, que se había impuesto en casi todo el mundo durante los últimos treinta años. Esta etapa neoliberal se inició en los años setenta y ochenta, sobre todo con la llegada al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y supuso el triunfo de las tesis de la llamada Escuela de Chicago, en la que destacaron Paul A. Samuelson, Friedrich Von Hayek y Milton Friedman. Se impuso por todas parte el llamado fundamentalismo del mercado: la liberalización del movimiento de capitales y mercancías, la privatización de las empresas y servicios públicos, la desregulación del mercado laboral, etc. Pues bien, ahora vemos a los gobiernos de los países más neoliberales, como Estados Unidos y Reino Unido, interviniendo masivamente en la economía, aportando grandes cantidades de dinero e incluso nacionalizando bancos. Esta crisis ha supuesto, pues, el fin del neoliberalismo y la recuperación del keynesianismo, es decir, el retorno del Estado como actor político imprescindible y como garante del sistema económico y social.
-En cuanto a los consecuencias geopolíticas de la crisis, las dos primeras han sido el rotundo triunfo electoral de Barack H. Obama y la quiebra irreparable de la hegemonía estadounidense. Y esto porque la crisis se ha gestado precisamente en Estados Unidos, que hasta ahora era el gran motor económico y la gran potencia militar del mundo.
-La rotunda victoria de Obama se ha debido al voto mayoritario de los afroamericanos, los hispanos, los judíos, los jóvenes, las mujeres, las clases sociales con rentas más bajas y las que tienen rentas muy altas. A John McCain le han votado sólo los WASP (blancos, anglosajones y protestantes de clase media). Los votantes de Obama querían acabar de una vez con los ochos años de la Administración Bush. A ello se ha añadido una novedosa campaña electoral, basada en una promesa de cambio y de unidad, en la recepción masiva de pequeños donativos y en el inteligente uso de Internet.
-En cuanto a la quiebra de la hegemonía estadounidense, es evidente que la era de los neocon y de sus sueños imperiales ha terminado. La crisis económica, unida al inmenso déficit público estadounidense (sufragado hasta ahora por los chinos, los rusos y los árabes), no va a permitir nuevas aventuras militaristas adoptadas de forma prepotente y unilateral. A partir de ahora, Estados Unidos tendrá que poner en marcha algo parecido al New Deal de Roosvelt, aunque esta vez con un claro componente ecológico, es decir, con una apuesta por las nuevas energías renovables y por el Protocolo de Kioto, no sólo para reducir los efectos del cambio climático sino también para no seguir dependiendo de un petróleo cada vez más escaso y caro, y de los pocos países que lo producen (los de Oriente Próximo y los de Asia Central, a los que se suman Rusia y Venezuela). Por otro lado, Estados Unidos tendrá que volver a la ONU, al multilateralismo y al respeto de los derechos humanos, lo que le exigirá cerrar Guantánamo, renunciar a la doctrina de la “guerra preventiva global contra el terrorismo”, promover la creación del Estado palestino, tomarse en serio la política de no proliferación nuclear, etc.
-Por último, todos estos cambios han revelado la debilidad y la lamentable desunión de la Unión Europea, el desconcierto de los partidos y gobiernos socialdemócratas, e incluso la desmovilización de los movimientos sociales “altermundialistas” europeos. En cambio, ha dado nuevas fuerzas a los movimientos sociales y gobiernos progresistas latinoamericanos, que se habían venido oponiendo frontalmente a las políticas neoliberales, y puede ser también un motivo de esperanza para los pueblos más empobrecidos de África y Asia.
En resumen, entramos en una nueva época, en la que va a producirse una gran crisis económica, social y política, de consecuencias imprevisibles, pero en la que también se abre la posibilidad de crear un nuevo orden internacional, mucho más justo, democrático, pacífico y sostenible.
El nuevo escenario internacional
Desde hace dieciocho años, Francisco Jarauta, catedrático de Filosofía en la Universidad de Murcia, ha venido organizando en esta ciudad, durante la última semana de noviembre, un ciclo de conferencias sobre los grandes debates filosóficos, políticos y culturales del mundo contemporáneo. Al principio, este ciclo se denominaba Foro de los Noventa, pero al comenzar el nuevo milenio pasó a denominarse Foro de la Mundialización.
Por este Foro han pasado Jacques Derrida, Jean-François Lyotard, Alain Touraine, Marc Augé, Armand Mattelart, Sami Naïr, Susan George, Mustapha Cherif, Gianni Vattimo, Massimo Cacciari, Giacomo Marramao, Remo Bodei, Roberto Esposito, Omar Calabrese, Ricardo Petrella, Ignacio Ramonet, José Vidal-Beneyto, Ignacio Sotelo, Fernando Vallespín, Mariano Aguirre, Javier de Lucas, etc.
Esta semana, el Foro de la Mundialización ha tenido como temática general “El nuevo escenario internacional”, tras la crisis financiera mundial que ha estallado en octubre del presente año y tras la posterior victoria electoral de Barack Hussein Obama como nuevo presidente de Estados Unidos.
Los conferenciantes invitados han sido: Sami Naïr, que habló sobre “La crisis financiera internacional” (lunes 24), Ignacio Ramonet, que habló sobre “La crisis del siglo y la nueva geopolítica mundial” (martes 25) y Lluís Bassets, que habló sobre “Los retos de la presidencia de Obama” (jueves 27). Bassets acaba de publicar La oca del señor Bush. Cómo los neocons han destruido el orden internacional desde la Casa Blanca (Barcelona, Península, 2008).
Los tres conferenciantes, con quienes Francisco Jarauta, algunos otros amigos y yo hemos podido conversar tras sus intervenciones públicas, han coincidido en algunos puntos básicos:
-Estamos ante la “crisis del siglo” (véase el monográfico nº 5 de Le Monde Diplomatique en español con este mismo título), es decir, la mayor crisis económica desde el crack de 1929 (a pesar de las muchas diferencias entre ambas), sin parangón con las crisis parciales que han tenido lugar en las décadas precedentes, y que sólo han afectado a algunos países o sectores económicos.
-La crisis actual es la primera “crisis global”, la primera que alcanza a todos los países del mundo, pues sólo en las últimas décadas se ha creado un sistema económico plenamente globalizado e interdependiente, debido sobre todo a la revolución de las tecnologías del transporte, la información y la comunicación.
-Se trata de una “crisis sistémica”, pues se ha extendido como un virus a todos los sectores económicos: lo que comenzó como la crisis inmobiliaria de las hipotecas subprime estadounidenses, se convirtió rápidamente en una crisis bancaria y bursátil, que a su vez generó una crisis del crédito y del consumo, lo cual ha desencadenado una crisis industrial y laboral, que acabará provocando una crisis social y política. El cierre de empresas y el consiguiente desempleo de miles de trabajadores ha comenzado ya a extenderse desde Estados Unidos hasta China. En el caso español, la crisis general se ha visto agravada por el pinchazo de la inmensa burbuja inmobiliaria, a la que habían contribuido de forma irresponsable tanto las entidades financieras (bancos y cajas de ahorro) como los poderes públicos (los ayuntamientos, las comunidades autónomas y el gobierno central).
-Esta crisis supone el fin de la etapa neoliberal del capitalismo, que se había impuesto en casi todo el mundo durante los últimos treinta años. Esta etapa neoliberal se inició en los años setenta y ochenta, sobre todo con la llegada al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y supuso el triunfo de las tesis de la llamada Escuela de Chicago, en la que destacaron Paul A. Samuelson, Friedrich Von Hayek y Milton Friedman. Se impuso por todas parte el llamado fundamentalismo del mercado: la liberalización del movimiento de capitales y mercancías, la privatización de las empresas y servicios públicos, la desregulación del mercado laboral, etc. Pues bien, ahora vemos a los gobiernos de los países más neoliberales, como Estados Unidos y Reino Unido, interviniendo masivamente en la economía, aportando grandes cantidades de dinero e incluso nacionalizando bancos. Esta crisis ha supuesto, pues, el fin del neoliberalismo y la recuperación del keynesianismo, es decir, el retorno del Estado como actor político imprescindible y como garante del sistema económico y social.
-En cuanto a los consecuencias geopolíticas de la crisis, las dos primeras han sido el rotundo triunfo electoral de Barack H. Obama y la quiebra irreparable de la hegemonía estadounidense. Y esto porque la crisis se ha gestado precisamente en Estados Unidos, que hasta ahora era el gran motor económico y la gran potencia militar del mundo.
-La rotunda victoria de Obama se ha debido al voto mayoritario de los afroamericanos, los hispanos, los judíos, los jóvenes, las mujeres, las clases sociales con rentas más bajas y las que tienen rentas muy altas. A John McCain le han votado sólo los WASP (blancos, anglosajones y protestantes de clase media). Los votantes de Obama querían acabar de una vez con los ochos años de la Administración Bush. A ello se ha añadido una novedosa campaña electoral, basada en una promesa de cambio y de unidad, en la recepción masiva de pequeños donativos y en el inteligente uso de Internet.
-En cuanto a la quiebra de la hegemonía estadounidense, es evidente que la era de los neocon y de sus sueños imperiales ha terminado. La crisis económica, unida al inmenso déficit público estadounidense (sufragado hasta ahora por los chinos, los rusos y los árabes), no va a permitir nuevas aventuras militaristas adoptadas de forma prepotente y unilateral. A partir de ahora, Estados Unidos tendrá que poner en marcha algo parecido al New Deal de Roosvelt, aunque esta vez con un claro componente ecológico, es decir, con una apuesta por las nuevas energías renovables y por el Protocolo de Kioto, no sólo para reducir los efectos del cambio climático sino también para no seguir dependiendo de un petróleo cada vez más escaso y caro, y de los pocos países que lo producen (los de Oriente Próximo y los de Asia Central, a los que se suman Rusia y Venezuela). Por otro lado, Estados Unidos tendrá que volver a la ONU, al multilateralismo y al respeto de los derechos humanos, lo que le exigirá cerrar Guantánamo, renunciar a la doctrina de la “guerra preventiva global contra el terrorismo”, promover la creación del Estado palestino, tomarse en serio la política de no proliferación nuclear, etc.
-Por último, todos estos cambios han revelado la debilidad y la lamentable desunión de la Unión Europea, el desconcierto de los partidos y gobiernos socialdemócratas, e incluso la desmovilización de los movimientos sociales “altermundialistas” europeos. En cambio, ha dado nuevas fuerzas a los movimientos sociales y gobiernos progresistas latinoamericanos, que se habían venido oponiendo frontalmente a las políticas neoliberales, y puede ser también un motivo de esperanza para los pueblos más empobrecidos de África y Asia.
En resumen, entramos en una nueva época, en la que va a producirse una gran crisis económica, social y política, de consecuencias imprevisibles, pero en la que también se abre la posibilidad de crear un nuevo orden internacional, mucho más justo, democrático, pacífico y sostenible.
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