miércoles, 23 de diciembre de 2009

Donde dije digo o la tragicomedia de San Esteban

20.12.09 - 01:09 -
CÉSAR OLIVA CATEDÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

La sociedad murciana ha asistido estupefacta a una ceremonia de la confusión que bien podríamos calificarla de tragicomedia. O sea, ni tragedia ni comedia; una cosa «intermedia», que decía Plauto por boca de Mercurio. Me refiero, cómo no, a la constatación de otra Murcia enterrada entre el Palacio de San Esteban y el Corte Inglés, en cuyos terrenos se pretendía construir un aparcamiento subterráneo. Dicha tragicomedia ha contado con sus elementos constitutivos básicos, es decir, escenas de horror, escenas de comicidad, paradojas, desencuentros, siempre protagonizadas por una serie de figuras cada cual más representativa del caso. Y, por no faltar detalle, hasta la farsa ha tenido hueco en ese gran teatro del mundo ofrecido con todo rigor en el escenario sin par de unas excavaciones. Un director general, un consejero, un profesor universitario y el coro, formado por cierta plataforma ciudadana que suplicaba a los dioses un remedio para el desaguisado que se cocía en los pasillos de palacio. También, como verán los señores espectadores, no ha faltado la figura del deus ex machina que ha colocado a todos en su sitio, como moderno y populista Zeus.

El director general es la figura trágica de la representación. Astutamente elevado al puesto de protagonista por un astuto consejero, que quizás se olía que la historia podía acabar de manera distinta a la prevista, carga sobre sus espaldas con el peso del destino en forma de responsabilidad. Ha sido la punta de lanza, la cabeza de turco, el kamikaze impuesto por sus superiores en ese punto crucial de la historia. Y lo que ha representado ha sido penoso: el papel del dirigente que prefiere el mercantilismo del negocio a la probabilidad del tesoro escondido. Antes creyó que vio. Creyó que lo que había debajo de unos hippies comerciantes no valía nada o casi nada. Sin ver. Sin comprobar. Y autorizó la pala. Y el pueblo se rebeló. Bueno, el pueblo no; el coro. Una serie de personas que aprovecharon la circunstancia para demostrar la vacuidad de una tendenciosa política de conservación del pasado histórico.

-¡Oh, Enrique, mira a tu alrededor! ¡No consientas que la Generala haga de las suyas! ¡Evita lo que se puede evitar…!

Y el director no lo evitó. Los medios de comunicación pueden demostrar con un simple rebobine aquellas sus palabras con las que preludiaba la tragedia.

Sin embargo, y ésta es la originalidad de la historia, la representación pronto adquirió tono de comedia. De comedia de las equivocaciones, como diría el genio de Stradford. El sino quiso que el segundo personaje que entra en escena, el consejero, apoyara la demolición con un monólogo sin desperdicio. El monólogo de la descalificación del coro, del desprecio por lo que el populacho pretendía defender con un original ¡cuán gritan esos malditos! Y el puñetero destino quiso que, tras esa lucida intervención, viajara hacia la capital de la modernidad, para inyectarse nuevas dosis de hepatoplasma que aplicar al perullo pueblo suyo tan necesitado de cultura. Cuando en la cafetería del Plaza bebía unos martinis, al tiempo que miraba el impresionante atardecer otoñal de Central Park, pensaba: «¡Pobre locos! ¡Para asaltar torreones, cuatro esquizofrénicos son pocos! ¡Hacen falta más quiñones!». El pobre no sabía que al mismo tiempo, quizás antes, una peripecia iba a truncar su desplante.

Porque, señores espectadores, justo cuando la pala obediente a las órdenes del director general, justo cuando el consejero se alejaba de la tragedia para configurar su comedia grotesca, el deus ex machina habló. Habló desde la distancia de la Alemania conservadora. Y advirtió que algo olía a podrido en San Esteban. Y cortó por lo sano. Bastaron sus palabras para que todos afirmaran que donde dijeron digo, decían Diego. Se mascó la tragedia con ese giro inesperado. El debate concluyó y, con él, los culos quedaron al aire, como en las mejores comedias de Aristófanes.
Pero nos hemos olvidado de un papel que también tuvo su peso en la historia. Me refiero al profesor Del Toro. Comparado con Indiana Jones por una irónica periodista, reconoció sus limitaciones protagonísticas. Mas su presencia cierra la historia en clave de farsa. Vilipendiado por sus colegas, blandió la espada del populismo y el esperpento. Como nuevo Capitán Matamoros, es decir, pura commedia dell'arte, sus bigotes inhiestos enfilaron sus puntas hacia el poder injusto. Chilló, argumentó, saltó, grabó, dio clases ante las ruinas, volvió a chillar, volvió a argumentar… Finalmente, los hechos le dieron la razón. Elevado a los altares por un público dado a los aspavientos de la telenovela, sus colegas no han dudado en mostrar un disgusto académico tan razonable como frío. El alma mater se dividió entre si los que tenían que pronunciarse eran galgos o eran podencos. Pero ahí queda él, con su látigo dialéctico, como ejemplo de una demagogia permitida por la pésima política cultural que sufre esta región.

¡Qué país!

lunes, 7 de diciembre de 2009

El arqueólogo José María Luzón considera el parking incompatible con el yacimiento

Murcia - La Verdad

El catedrático de la Complutense apuesta por convertir el yacimiento en una "plaza histórica, reformando el entorno y hacer un centro de interpretación" y considera el traslado una "barbaridad"
07.12.09 - 17:10 -
EP | MURCIA
El arqueólogo José María Luzón considera el parking incompatible con el yacimiento
Concentración ciudadana para solicitar la conservación de los restos arqueológicos, ayer en San Esteban, "abrazando" el yacimiento | R. FRANCÉS
El catedrático de Arqueología en la Universidad Complutense de Madrid y académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, José María Luzón, consideró hoy que la construcción del aparcamiento proyectado en San Esteban es "incompatible" con los restos arqueológicos hallados, y estimó una "barbaridad" el traslado del yacimiento a la superficie.
"Es más fácil trasladar el aparcamiento que el yacimiento, que no es de por si trasladable", según explicó hoy Luzón después de visitar los restos arqueológicos, correspondientes a un barrio árabe del siglo XIII, y que valoró como "una mina de oro desde el punto de vista cultural que podría convertir a Murcia en un referente a nivel nacional o internacional".
El arqueólogo, quien es ex director del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y ex director del Museo del Prado, insistió en que "lo que han querido hacer en San Esteban es un aparcamiento y lo que han encontrado ha sido una mina de oro", puesto que el yacimiento "es historia de Murcia y de una época y extensión que ningún otro lugar puede mostrar".
Por ello, aseveró que las dos únicas posibilidades son "destruir el yacimiento y hacer un aparcamiento, o bien explotar los retos", y apostó como solución por sacar partido de su potencial "y convertir el yacimiento en una plaza histórica, en un lugar para educar a nuestros hijos y enseñar una página de la historia de Murcia, un centro de investigación de historia medieval".
Así, indicó que el proyecto, ahora, "es de los arquitectos, después de la labor de los arqueólogos, que han trabajado impecablemente bien". En adelante, propuso "ver ideas urbanísticas y de arquitectos para ver cómo cubrir el yacimiento con una cubierta transparente y liviana, poner pasarelas, hacer un centro de interpretación y reformar el entorno".
En este sentido, apuntó que se pueden hacer "muchas cosas", y puso como ejemplo la Fundación del Teatro Romano de Cartagena, "dentro de la propia Comunidad".
Precisamente, Luzón se mostró "sorprendido" por las actuaciones llevadas a cabo en el yacimiento hasta ahora "como lo de cerrar a cal y canto el conjunto arqueológico con dos vallas", lo que comparó con el modelo seguido cuando se encontró el Teatro de Cartagena.
"El modelo que se siguió en Cartagena fue distinto porque se volcaron, evidentemente, todas las administraciones: la municipal, la autonómica e incluso alguna entidad privada como la Fundación Cajamurcia, que apoyaron aquel proyecto", según Luzón, quien recordó que "lo que se hizo entonces fue enseñar en aquel momento lo que se estaba haciendo".
"Se puso una plataforma y unas azafatas que daban entradas gratuitas y los arqueólogos enseñaban lo que estaban haciendo, mientras que aquí, en San Esteban, para mi sorpresa se ha hecho lo contrario", precisó.
En San Esteban recomendó "hacer una pasarela que cruzase de parte a parte y que los arqueólogos estuviesen enseñando a los murcianos qué hay debajo del suelo que están pisando, puesto que la búsqueda de nuestra historia no es una operación clandestina, sino que es algo que nos interesa, y prueba de ello es lo que está ocurriendo".
El arqueólogo afirmó que "clandestina, quizá, sea la destrucción del yacimiento si se llega a hacer con nocturnidad", aunque consideró que "con el conocimiento de lo que ha salido y con un buen asesoramiento que tuviesen las personas que tienen que tomar la decisión, yo creo que lo que harían sería modificar este proyecto".
En cuanto a la posibilidad de construir el aparcamiento sobre los restos, Luzón dijo que "ya se hizo hace años y son soluciones que no son las adecuadas". Además, apostó por conservar los restos que ya han aparecido y no seguir excavando.
Luzón justificó esta postura "porque los arqueólogos que han excavado el yacimiento han hecho catas y saben que lo que hay debajo es una cata de limo". En contraposición, consideró "interesante" explorar la "cantidad enorme de pozos que hay, donde debe de haber material y cosas caídas, material para un museo".
CARTA A LOS ACADÉMICOS
Luzón, quien acudió hoy a Murcia "expresamente" a ver el yacimiento, reconoció sentirse "sorprendido" al encontrar "algo más" de lo que esperaba, y recibió una carta de manos de los miembros de la Plataforma Ciudadana por la Defensa del Patrimonio Arqueológico de San Esteban, exponiendo los detalles del yacimiento y el transcurso de los acontecimientos desde su descubrimiento.
En concreto, el texto describe el transcurso de los seis meses de excavaciones, que han permitido desenterrar el arrabal de la Arrixaca Nueva, cuya fundación "data de los siglos XII y XIII, que cuenta con unas cien casas, cinco palacios, uno de ellos de 500 metros cuadrados y todo ello en una trama andalusí única en Europa".
Luzón se comprometió a transmitir el texto a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a la que la Plataforma Ciudadana, formada "por unos 12.000 simpatizantes", instó a "interesarse por el yacimiento de San Esteban" a la vista del informe dado a conocer por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales en el que "se recoge la sugerencia de desmontar los restos de los palacios y la mezquita, llegando a considerar la destrucción del resto".
La Plataforma consideró que la solución propuesta "no es la prevista en las cartas internacionales de protección del patrimonio", entre las que incluyó como ejemplo el Convenio europeo para la protección del Patrimonio Arqueológico, y la cuarta Conferencia de Ministros responsables del Patrimonio Cultural.
Por todo ello, en el documento, dirigido a la atención del director de la Academia, Antonio Bonet, los integrantes de la Plataforma demandan "tiempo para tratar en profundidad el yacimiento y los restos, para tratar la solicitud de incoación de expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural y para que se puedan hacer las catas suficientes para valorar en qué zonas del yacimiento es necesario llegar al siglo XII y otras dejarlo en el siglo XIII".

martes, 1 de diciembre de 2009

Sáenz de Santamaría, atónita al descubrir que Rajoy permitió un secuestro de un año en Georgia

La portavoz tarda más de un minuto en reaccionar y cuando adivina que están hablando de "su líder" se apresura en irse



Sáenz de Santamaría, atónita al descubrir que Rajoy permitió un secuestro de un año en Georgia



Con la cara desencajada. Es como se quedó la portavoz popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando la vicepresidenta del Gobierno le recordó la actuación de “su líder, el señor Rajoy” en el secuestro de dos españoles en Georgia en 2000. En su comparecencia del miércoles para explicar la gestión del Alakrana, María Teresa Fernández de la Vega sacó a colación el caso de Antonio Tremiño y Francisco Rodríguez Cabal, retenidos “en durísimas condiciones” durante 373 días. Sáenz de Santamaría asistía indiferente al discurso hasta que De la Vega pulsó el botón rojo: recordó que quien debía gestionar aquella crisis era el entonces vicepresidente y ministro de Interior, Mariano Rajoy. Las cámaras del Congreso han captado la escena, en la que se aprecian el cambio de gesto de la popular y su escasa velocidad de reacción: es bastante evidente por dónde va a tirar la vicepresidenta –basta con oír las fechas-, pero aquella no se percata hasta pasado un minuto y diez segundos de la alocución, y no sin haber escuchado el nombre del aludido. En este instante, le cambia la cara. Las cámaras indiscretas registraron otra imagen curiosa: cuando la diputada comprueba que De la Vega ha ganado el duelo dialéctico, frunce el seño con resignación y dice a su compañero de filas “vámonos” (minuto 1.51). ¡Benditas cámaras!

Las imágenes del pasado miércoles 26 hablan por sí solas. Sáenz de Santamaría tardó un minuto diez en descubrir que el vicepresidente indolente que dejó a dos compatriotas secuestrados durante un año y tardó ese tiempo en reunirse con las familias era Rajoy. O eso, o antes no pudo prepararse para disimular. Y es que, el discurso de la vicepresidenta fue impecable.

¿Quién era el vicepresidente en 2000?
“Le voy a recordar una cosa para que vea que lo que digo no lo digo en barbecho. Es posible que usted quizá no recuerde pero el 25 de noviembre de 2009, hoy precisamente se cumplen 9 años del suceso, fueron secuestrados en Georgia dos ciudadanos españoles: Antonio Tremiño y Francisco Rodríguez Cabal. Desgraciadamente, el secuestro duró más de un año. Exactamente, 373 días: de noviembre de 2000 a diciembre de 2001. Durante todo ese tiempo estuvieron secuestrados en durísimas condiciones, atados, a pan y agua, y sin poder hablar. Y cuando estaba a punto de cumplirse el año del secuestro, las familias se reunieron con el entonces vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior. Que por cierto, ¿sabe quién era? Su líder, el señor Rajoy”, dispara la vicepresidenta. Por increíble que parezca, es en este momento cuando la portavoz popular reacciona, o al menos es lo que se ve en la escena.

El inoportuno 'vámonos'
Ante la cara atónita de Sáenz de Santamaría, De la Vega insiste. “Sí señoría, el señor Rajoy, que por cierto, estos días ha dicho que a otros no le pasan estas cosas. Y ahora le digo yo señoría: busque entonces, no ya la reprobación socialista, ni siquiera una crítica del Partido Socialista, porque jamás la encontrará. Esa es la diferencia que hay entre ustedes y nosotros. Lo único que encontrará es el apoyo del Gobierno a su Gobierno. Por tanto, lecciones de responsabilidad, ni una. Diligencia, ninguna. Señoría, en esto como en casi todo, lecciones ninguna, ninguna. Trescientos setenta y tres días… Muchas gracias”, zanjó. Aunque, por lo visto, la advertencia no hacía falta. Antes de que la número dos del Ejecutivo terminara el discurso, la diputada popular ya había abandonado el escaño y dicho a su compañero ‘vámonos’. Que indiscretas son las cámaras…